lunes, 30 de marzo de 2009

La Guardia Imperial




Si por algo se caracterizan las guerras napoleónicas son por el triunfo de lo bello por encima de las carnicerías en las que se convertían la gran mayoría de las batallas. El final de cualquier soldado debía y tenía que ser bello, la puesta en escena era puro espectáculo y el más bajo soldado sabía que si se portaba como un jabato tenía muchas posibilidades de mejorar su staus, bien vestido, bien alimentado y encima con posibilidades reales de promoción ¿que más quieres? lo malo es que podías palmarla, pero esto era un precio que había que pagar si querías ascender.
Napoleón ponía en práctica habitualmente estos premios y promociones y gracias a ello convirtió a la Grande Armée en el mejor ejército...por lo menos durante 15 años. Lo mejor de todo era verlos con sus magníficos uniformes, daba igual que fueran infantería o caballería, iban vestidos, la mayoría de ellos, con una ropa mucho mejor que lo que en la vida civil podrían imaginar, a la muerte se va elegante, o no se va. El máximo exponente de lo que he dicho es sin duda Michel Ney, paso de soldado raso a Mariscal del Imperio en tan sólo 17 años gracias a su valor, además iba siempre con unos uniformes muy vistosos. Pero no era el único, la mayoría del alto mando lo formaban generales y mariscales que habían llegado desde abajo.
El ir pincho no significa portarse como un cobarde, en este caso era más bien al revés, las muestras de valentía y arrojo de los distintos cuerpos de ejército francés son dignas de mención, y por encima de todos se encontraba la flor y nata de los ejércitos imperiales, los mejor alimentados, los mejor cuidados, los mejor pagados, los más altos (y no es una manera de hablar) y los que más narices le echaban, era la GUARDIA IMPERIAL, y había tortas por entrar en este cuerpo de élite.

La Guardia Imperial propiamente dicha fue creada por el pequeño corso en 1.804 a partir de la Guardia Consular, la idea era que fuera su guardia personal y acabó siendo la unidad de combate más importante del ejército galo. Con el tiempo pasó de tener poco más de 200 hombres a estar formada por más de 100.000 allá por 1.814, si bien es cierto que la mayoría de esta cantidad era morralla, quedaban muy pocos de los buenos. Sus estandartes dormían en la tienda del emperador, y el mismo en alguna ocasión, durmió en campaña entre sus cuadros, con esto creo que queda dicho todo. Eran el ojito derecho de Napoleón y como tal los cuidó y mimó.

La Guardia Imperial estaba formada por granaderos y cazadores divididos a su vez en dos regimientos. El primer regimiento recibía el nombre de la Vieja Guardia y eran los dioses del metal, "sólo" pedían esto para entrar:

-Mínimo de 10 años de servicio impecable, conducta ejemplar, valentía más que demostrada y haber participado como poco en cinco campañas.
-Saber leer y escribir.
-Medir mínimo 1.83 para granaderos y 1.73 para los cazadores. La media de altura era de 1.55 así que imaginad lo que suponía el ver a este regimiento entrando en combate para el enemigo
-No tener más de 35 años
-Llevar bigote obligatoriamente, el pelo largo recogido en coletas teñidas de gris con ceniza y pendientes.
-Si estaban en posesión de la "Legión de Honor", la más alta condecoración otorgada tanto en el ámbito civil como militar en Francia, se podían saltar el tema de la altura. Un porcentaje muy alto de la Vieja Guardia estaba en posesión de esta condecoración, otorgada en el campo de batalla, por lo tanto era un regimiento formado por auténticos héroes.
-Si algún aspirante le faltaba alguno de los requisitos anteriores, el mismo Napoleón, como comandante supremo de la Guardia, decidía si entraba o no.

Fácil, ¿no?

El segundo regimiento lo formaban la Guardia Media y la Joven Guardia, los requisitos estaban un poquito por debajo que su hermanos mayores.

En batalla eran auténticos muros de granito, como el propio emperador los tildó en la batalla de Marengo, su avance en lineas apretadas como mandaban los cánones de la época, era comparable al avance de una falange espartana, en silencio y sólo con el sonido del tambor avanzaban impasibles hacía las descargas de fusilería y artillería enemigas, cualquier otra unidad de ejército al recibir semejantes descargas vacilaban y se descomponían, pero la Guardia Imperial no pestañeaba, se mantenía firme y seguía hasta llegar a distancia de bayoneta del enemigo, y aquí se acababa la historia. Hubo batallas en que este avance lo hicieron sin disparar ni una sola vez aguantando carros y carretas, esto no hacía más que engrandecer su leyenda.
Napoleón sólo utilizaba a su guardia en el último momento, cuando las cosas estaban aún sin decantarse o directamente ni entraban en combate si se ganaba fácil. Señalar que sólo entraban en batalla la Media y Joven guardia, la Vieja Guardia se mantenía firme al lado del emperador, sólo entraban en combate cuando estaba a apunto de perderse, eran demasiado valiosos como para perder un sólo hombre inútilmente. El resultado era como dejar suelto a un león en medio de un rebaño de ovejas, su sola presencia infundía el mayor de los temores a sus enemigos y animaba a sus colegas a no desfallecer. Sus compañeros de armas los llamaban "Los Inmortales", ya que como no entraban a menudo en combate, no sufrían bajas.

El canto del cisne de la Guardia Imperial fue en Waterloo. Como ya comenté en otra entrada, la dirección de obra, véase Napoleón y alto mando francés, fue de auténtica pena. En esta batalla se recrimina abiertamente a Napoleón el que no enviará al combate a sus "niños" antes de lo que lo hizo, de hecho mandó a la Guardia Imperial cuando ya estaba todo perdido a que tomara la colina de "La Haye Sainte", así, a base de testiculina y sin aviso previo. Encima no manda a los mejores, manda a los regimientos tercero y cuarto de cazadores y granaderos, es decir, a lo peor de lo mejor, los primeros regimientos, los mejores, aún están con el viendo la que se está organizando y comiéndose las uñas porque el míster no los manda a repartir estopa.
Suben la colina y es tal la descarga que los dejan temblando, incluso se comenta que un traidor llega hasta las filas inglesas y avisa que la guardia va a entrar en acción y por donde, si no no se explica que tuvieran la defensa tan preparada. Se agarran como pueden a la colina pero su valor y arrojo no son suficientes y los ingleses los echan de allí a patadas.
Entre las filas francesas se grita ¡¡¡¡la Garde recule!!!!, esto es impensable y jamás se había dado, es como si Iron Maiden se pasa a la bulería, Napoleón ve que está todo perdido y huye como el resto del ejército.
Sin embargo el primer regimiento de granaderos, la Vieja Guardia, se queda a morir en el campo de batalla, en un último esfuerzo desesperado intentan parar la desbandada general y hacer frente a la vanguardia del ejército de Wellington, pero es imposible, la muerte está cerca y se preparan para ella, forman en cuadro y esperan, al general al mando le invitan caballerosamente a rendirse y responde "La Garde meurt, mais ne se rend pas" (La Guardia muere, no se rinde), los ingleses renovaron con nuevos bríos el ataque, los franceses se enconaron en la defensa y allí no quedó ni el tato.

Había que morir, pero no de cualquier manera, para eso eran la Guardia Imperial.