viernes, 20 de febrero de 2009

Capitulación


No es lo mismo que rendición. La diferencia es sencilla, rendición en el caso de guerra es cuando uno de los dos ejércitos enarbola la bandera blanca y espera a que el vencedor sea benevolente. Capitulación es cuando los dos bandos se sientan a negociar las condiciones para dar término a la guerra en cuestión por distintas razones, como puedan ser que el vencedor vaya a serlo de una manera u otra y quiera acabar con más muertes innecesarias.

Hasta tres veces envían mensajes a Palafox durante los dos sitios para que se rinda, y este por otras tres veces les dice que se vayan a escaparrar, los franceses allá por el veinte de Febrero tenían controlada una cuarta parte de la ciudad y ya estaban en Las Tenerías, parece poco, pero Zaragoza estaba completamente sitiada, no podía recibir ayuda de ningún tipo, no había alimentos, no había prácticamente munición, el tifus causaba estragos, en fin, la cosita estaba muy mal.


Palafox, enfermo por las fiebres, delega la defensa en el general Saint Marq ,el 19 de Febrero un enviado de este se entrevista con el mariscal Lannes e intenta conseguir una tregua de tres días, para primero, conocer el avance de las tropas francesas en la península y valorar las posibilidades reales de recibir ayuda y segundo, si las anteriores respuestas a las preguntas fueran negativas, aceptar la capitulación de Zaragoza con la palabra de honor de Lannes de perdonar la vida a los sitiados.

Pedro María Ric que preside la Junta de Defensa reúne a la misma de manera secreta el veinte por la noche, acuden sólo ocho de los treinta y dos constituyentes, Saint Marq y algunos más decide seguir con la lucha. pese a la que está cayendo, pero se acuerda optar por la capitulación. Los defensores se enteran y muchos de los que aún pueden sostener un arma montan en cólera, en las calles se monta la de dios es cristo, intentan apoderarse de artillería y fusiles queriendo proseguir la defensa hasta la inmolación y durante toda la noche se producen manifestaciones contrarias a la capitulación, Palafox, moribundo pero en un momento de lucidez, se entera, quiere seguir con la defensa “hasta la última tapia de Zaragoza”, se niega a la rendición pero a punta de pistola los franceses le sacan de la cama y le obligan a firmar el Acta de Capitulación en el cuartel general francés en Casablanca junto con el resto de la Junta de Defensa que faltaba por firmar, en un acto humillante, los vencedores tienen estas cosas. Esta acta consta de once puntos, por supuesto, no se acata casi ninguno, como por ejemplo el respeto de las vidas a los sitiados, con los viles asesinatos de Santiago Sas y el padre Boggiero a bayonetazos y tirados al Ebro.


El veintiuno al mediodía los defensores deben de entregar sus armas en el Portillo, el general Lejeune nos cuenta ese momento “«La columna española salió ordenadamente con sus banderas y armas. Nunca pudo nuestra vista contemplar un espectáculo más triste y conmovedor. Trece mil hombres enfermos con el germen del contagio en su sangre, enflaquecidos horriblemente, de barba negra, larga y descuidada, con fuerza apenas para sostener sus armas, se arrastraban lentamente al sonido del tambor. Sus trajes sucios y en desorden, bosquejaban un cuadro de la más espantosa miseria. Un sentimiento de arrogancia y orgullo indefinibles aparecía en los rasgos de sus semblantes lívidos, ennegrecidos por el humo de la pólvora y sombríos por la cólera y la tristeza... En el momento en que estos bravos depusieron sus armas y entregaron sus banderas veíaseles presa de un violento sentimiento de desesperación. Sus ojos chispeaban de cólera».


Esto es lo que se encuentran los franceses cuando se apoderan de Zaragoza después de la capitulación: 6000 muertos en las calles, 26.000 enfermos y heridos, la ciudad destruida en su practica totalidad, hambre, incendios, miseria, y aún así, muchos querían seguir defendiendo lo indefendible.

Nos dice el general Brand “El aspecto que ofrecía Zaragoza cuando entraron los sitiadores a la Plaza del Pilar era uno de los cuadros que no se olvida jamás. Estaba llena de mujeres y de niños llorando, de féretros y cadáveres sin ataúdes. En algunos sitios había hasta veinte de éstos apilados. La calle de Toledo era la más siniestra; era el refugio de la población de los barrios invadidos. En los arcos yacían mezclados niños, ancianos, moribundos, muertos, muebles. En medio de la plaza, un montón de cadáveres desnudos. He asistido al gran reducto de Moscú, pero en ninguna parte he sentido la emoción de Zaragoza”


Zaragoza, antes del asedio estaba habitada por 55.000 almas, en el segundo asedio llego a contar con 47.000 militares y sumados a estos una población civil de 30.000 personas. Las bajas en combate fueron de unos 6.000, pero el hambre, el frío y el tifus elevaron la cifra a 55.000 muertos.

Ya he dicho que el día de la capitulación Zaragoza contaba con 26.000 heridos y enfermos y por el tifus morían diariamente unas 600 personas sobre estas fechas.

Hubo 12.000 defensores que no juraron lealtad al nuevo Rey, José I, como ponía en uno de los once puntos de la Capitulación, así que fueron conducidos a Francia en una cuerda de presos, cada día por el camino había cientos de muertos, Napoleón dijo de ellos que eran “fanáticos que no merecen ninguna consideración”


La ciudad comienza de nuevo con 12.000 personas, con un 75 % menos de población antes de la guerra, tardando muchos años en recuperarse demográficamente, la misma proporción de destrucción sufrió la ciudad en lo que a edificios e instalaciones se refiere, conventos, palacios, iglesias, casas, fábricas, puentes, etc. Zaragoza, durante décadas, no contó con capital humano profesional adecuado, y la burguesía prácticamente desapareció.

Durante los dos sitios murieron condes, barones, labradores, amas de casa, empresarios, militares, niños, trabajadores, profesores, clérigos, monjas, muchos de ellos lo hicieron con el fusil en la mano defendiendo su libertad, y eligieron morir antes que ser sometidos por los franceses, quién sabe si hubiesen vivido mejor que como lo hacían bajo el reinado del inútil de Fernando VII, pero fue su elección y esto es lo que les hace grandes a los ojos de todos nosotros.

Ayer, hoy y siempre, a Zaragoza la defiende su gente.


¿Zaragoza se rendirá? La muerte al que esto diga.

Zaragoza no se rinde. La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo abrirase vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entre los escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.


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